Cómo ganarle terreno al trauma.

28 junio, 2025

Conectando. ¿Fácil de decir verdad? Veamos qué complejidades entraña la tarea de conectar, cuando de trauma se trata.

Antes de meternos de lleno en materia, creo que es importante clarificar algunos aspectos relativos al concepto de trauma.

En griego antiguo, trauma significa herida o ruptura. Y no se refiere tanto a lo que te pasa, sino más bien es lo que ocurre dentro de ti, como resultado de lo que te pasa. Por eso, un mismo suceso puede vivirse, o no, como traumático. Este dato es importante tenerlo en cuenta: lo que sucede dentro de ti, como resultado de lo que te pasa.

Entonces, ¿podemos decidir con plena conciencia cómo reaccionar ante un suceso o una situación traumática?

No. Según la Teoría Polivagal de Stephen Porges, existen tres sistemas de respuesta autónomica: lucha, huida y congelación/sumisión.

Estas respuestas salen automáticas de nuestro sistema nervioso, no las decidimos desde la conciencia (es un acto de inteligencia del cerebro subcortical), por tanto, nunca es nuestra responsabilidad reaccionar de una manera u otra. Tiene que ver con cómo nuestro sistema nervioso ha aprendido a defenderse, y activa la respuesta de forma automática (esto ayuda a entender, a significar el trauma y a liberar la culpa y la vergüenza que muchas veces ocasiona el mismo trauma).

Cuando la respuesta que se activa es la de congelación/sumisión, hay mayor probabilidad de trauma que si la respuesta es la de lucha o huida. En los casos donde se activa la congelación, la persona suele sentir más culpa (¿por qué no hice nada?), y además, la tensión fruto del suceso traumático, la energía, se queda encallada dentro del cuerpo, se queda varada. En cambio, cuando la respuesta que se activa es la de lucha/huida, esta tensión sale hacia fuera y esto es más reparador.  Es un dato importante a tener en cuenta, luego veremos por qué…  

Aunque, tal y como nos explica Porges, no podemos decidir conscientemente cómo reaccionar ante un suceso adverso que nos puede resultar traumático, sí podemos aprender técnicas de autorregulación emocional, y promover activamente nuestro estado de bienestar (vagal ventral), y esto nos brinda poder. Poder para vivir nuestra vida de forma plena y desde la calma.

Llegados a este punto, vayamos hacia otro tema relacionado con el trauma: la vergüenza.

La vergüenza, como punto de inflexión en el proceso de sanación.

Es más bien la vergüenza, y no tanto la culpa, la que entraña un punto de inflexión en el proceso de sanación de trauma. Veamos por qué.

La vergüenza apunta a la dimensión del ser, la persona siente que es fallida, que ella es el problema. La culpa, en cambio, hace sentir a la persona que no lo hizo bien, o, dicho de otra manera, que en el momento de la situación traumática, lo hizo mal, pero no ubica el problema en su persona.

Desde la vergüenza, una/o siente que no puede hacer nada, que es así y que no lo podrá cambiar nunca, que no tiene remedio. El trauma es un lugar de vergüenza, y es necesario promover que la persona se sienta con el derecho de amarse, de cuidarse, de sentirse merecedora de amor, para recuperar el poder que el trauma le usurpó y desmontar así la creencia limitante de que ella es el problema y por tanto, nunca va a poder cambiar. El trauma no define a la persona que lo sufre, de hecho, no nos dice casi nada de ella. Pero sí le hace creer que ella ES todo lo que tiene que ver con su trauma.

El proceso de sanación, permite que la persona salga de ese lugar de vergüenza, y empiece a diferenciar las partes de su manera de ser, de su personalidad, que sí tienen que ver con ella, y las partes de su historia de vida, de su manera de reaccionar, que tienen que ver con el hecho de haber sufrido un trauma. Esta diferenciación marca el inicio de la liberación de la creencia errónea de que nada va a cambiar, porque la persona que se encuentra en situación de trauma, NO es su trauma.

¿Cómo podemos desempoderar al trauma?

Desde la consulta, lo logramos siguiendo nuestro propio método “MindBodyHeart” de abordaje de la violencia sexual, con perspectiva de trauma. Como profesionales de la salud mental, ya sabemos que el trauma es ruptura, fragmentación, no solo afecta e impacta en la mente, sino también atraviesa el cuerpo y fragmenta las emociones. Es por ello que MindBodyHeart propone una intervención terapéutica a tres niveles: mente, cuerpo y emociones.

Entonces, si el trauma es ruptura, es fragmentación, la sanación va de unión, de conexión. Y para ello el trabajo desde la palabra es clave, de ahí la importancia de la terapia narrativa en trauma. Romper el silencio y dar significado a lo que ha pasado, es el primer paso para recuperar el poder y empezar a unir, a integrar y a asociar los fragmentos que el trauma ocasionó.

Pero importante: siempre hay que hacerlo con suavidad, de a poquito…y dando margen al proceso. El trauma genera mucha inseguridad, y se presenta como una amenaza frente a lo que la persona no puede responder. Ante la inseguridad, pueden aparecer conductas de hipervigilancia, alerta, y/o evitación. Es fundamental, para empezar a desempoderar al trauma, crear espacios seguros que sirvan de asideros o puntos de anclaje en el camino de la sanación.

El trauma hace sentir a la persona que lo sufre que no puede elegir, le ha usurpado todo su poder. El trauma se cuela y se inocula por todo su ser, es multisensorial, llega por todos los sentidos, y tanto desde la conciencia como desde la inconsciencia.

La importancia del trabajo con el cuerpo, en la sanación del trauma.

En trauma hay mucha desconexión, la conciencia interoceptiva y la propioceptiva quedan dañadas (Teoría Polivagal de Stephen Porges). La propiocepción es la capacidad que tiene nuestro cerebro de saber la posición exacta de todas las partes de nuestro cuerpo en cada momento.

Y la conciencia interoceptiva es la que permite identificar las señales internas del cuerpo, reconocer y regular las emociones y favorecer la empatía, a la vez que dota a la persona del autocontrol necesario para la toma de decisiones sobre la conducta, la salud y la enfermedad.

En trauma hay mucha disociación cuerpo-mente, hay mucha incongruencia, y esto es una señal de alarma. Si, por ejemplo, estoy triste y mi cuerpo no lo manifiesta, se produce una incongruencia que detecta el cerebro, esta se añade al sistema mental, y lo esperable es que esté todavía peor al no poder dar salida al malestar que me produce la tristeza. Por tanto, en el proceso de sanación, hay que trabajar para promover la asociación cuerpo-mente y así poder llevar a la persona que se encuentra en situación de trauma, hacia la congruencia. Como antes comentaba, esto hay que hacerlo de forma suave.

Si no estamos conectadas/os con nuestro cuerpo, no somos capaces de leer las poderosas señales que este nos emite, y por tanto, perdemos la capacidad de protegernos, de cuidarnos debidamente, y de disfrutar de la vida de forma plena, porque también dejamos de saber qué nos apetece, qué nos satisface, y qué nos llena de verdad.

Una parte importante del trabajo con el cuerpo, se basa en la respiración. Esta es una herramienta muy poderosa en la recuperación del poder que el trauma usurpó. La respiración profunda consigue cambiar estructuras neuronales de nuestro cerebro, ya que existe una conexión directa entre la respiración y el cerebro (Kevin Yackle 2017).

En trauma, la respiración debe ser siempre nasal ya que los filtros térmicos templan el aire y lo humedecen, son filtros de patógenos, y además se activa el bulbo olfativo que tiene dos funciones importantes (aparte de procesar el olor): activa el hipocampo (memoria) y desactiva la amígdala, que crece cuando existe un estado emocional adverso. Recordemos que el miedo, la ansiedad, el pánico, producen una activación de la amígdala, por lo tanto, si trabajo con la respiración, promuevo la reducción de la amígdala. Si de lo contrario, respiro por la boca, la amígdala pierde este sistema de frenado y podemos seguir en lo que se denomina «secuestro amigdalar» (Bessel van der Kolk).

Cabe señalar, que el trabajo de cuerpo ayuda a liberar la energía, la tensión fruto del trauma, que quedó encallada y que debe ser externalizada para que deje de gobernar a la persona, y pueda ser la persona quien lidere su vida de forma libre.  

Así pues, ¿qué nos ayuda a ganarle terreno al trauma?

Como hemos ido viendo a lo largo del artículo, el trauma fragmenta en pedazos la mente, las emociones y el cuerpo de la persona que lo sufre, y por tanto, para poder sanar, hay que recuperar el poder de conectar, de unir esos fragmentos recuperando así también, el sentido de nuestra vida, de nuestra historia de vida, pasando a sentir y a vivir de forma integrada y plena.

¿Cómo hacerlo? A continuación, y a modo de resumen, anoto algunos de los aspectos clave:

  • Es de vital importancia realizar una intervención terapéutica a tres niveles: mente, cuerpo y emociones (MindBodyHeart).
  • La importancia de la palabra es clave en el proceso de sanación, de ahí el uso de la terapia narrativa en el abordaje del trauma. Es a partir de la narración continua de vida, que la persona podrá unir lo que el trauma fragmentó: trazar los puentes entre episodios de vida desconectados por la vivencia traumática, poner palabras a vacíos mentales y emocionales, significar hechos y emociones para dejar de minimizar, y empezar así a afrontar, integrar y gestionar.
  • Cuestionar las creencias limitantes y erróneas que genera el trauma y que le impiden, a la persona que lo sufre, vivir en plenitud y liderar su vida desde la plena conciencia. Desmontar estas creencias, muchas veces fundamentadas en la vergüenza, es fundamental para recuperar el poder propio. Hay que salir de ese lugar de vergüenza que el trauma produce.
  • El trabajo con y desde el cuerpo es importantísimo, tal y como hemos visto. El cuerpo debe ser casa, debe poder habitarse desde la calma y la tranquilidad, y recurrir a él como mecanismo de autorregulación emocional.
  • Conocer cuáles son las reacciones neurofisiológicas fruto del trauma, realizar psicoeducación en trauma, es altamente empoderador. Ayuda a entender cómo opera el trauma, y a desmontar creencias mentales limitantes.
  • Aprender a activar el estado vagal ventral, realizar tareas, actividades, ejercicios que nos conecten con el bienestar, con el placer, con la plenitud. No solo se trata de aprender a autorregularnos para ganarle poder al trauma, se trata también, de hacerlo para disfrutar de la vida y cultivar, así, lo que nos llena y nos hace bien.
  • Y, por último, pero no menos importante, el proceso de sanación es posible gracias al vínculo. Que un/a profesional especializado/a te tienda la mano, desde su saber y rigor profesional, pero con humanidad, tacto y mucha sensibilidad, hace que el recorrido que propone la sanación sea viable. Lo he dicho en muchas ocasiones, las profesionales especializadas en el abordaje del trauma nos ponemos al servicio y disposición de la persona, para que esta se sienta segura, y pueda aprender primero a corregularse con nosotras, para más adelante, autorregularse ella misma. Este estar a disposición de la otra persona, no queda exento de importantes responsabilidades y compromisos por nuestra parte, como profesionales, pero este no es hoy el tema que nos ocupa, quizás en un próximo artículo…

Hemos llegado al final. Habrás comprobado, que sí se le puede ganar terreno al trauma, afortunadamente. Acompañándote bien y dando margen al proceso. Deseo de corazón que hayas disfrutado de tu lectura, y que el contenido te haya resultado de utilidad.

¿Te has quedado con ganas de más? ¿Puedo ayudarte en algo?

Si de algún modo te has sentido identificada/o con el artículo, si necesitas orientación, o si precisas de información general o concreta sobre cómo iniciar tu propio proceso de sanación, puedes encontrarme en Patricia Bosch, escribirme a info@patriciabosch.com, o contactarme al +34 687 28 34 66. Estaré encantada de escucharte y acompañarte en aquello que necesites.